viernes, 13 de julio de 2012
Don't cry, angel.
Pocas personas saben lo que es que ya con 6 años te sientas diferente, que te empiecen a dar de lado, que nazca tu hermanita y tú dejes de existir para tus padres, que con los años vayas perdiendo fuerzas, energía, amigos... Que llegas a quedarte tan sola que acabas por refuigiarte en la soledad por miedo a lo desconocido. Pero lo peor es que aunque pasen los años tú aún no te des cuenta. Y empiezas a olvidar el tiempo atrás, dejas de recordarlos momentos que te hicieron sonreir de verdad. Y siguen pasando los años te haces mayor, ves que todas esas personas que conoces tienen amigos, quedan con ellos... y es ahí cuando te das cuenta de lo que está pasando en tu vida. Sabes que algo no va bien, que no te pareces en nada a aquellas personas que te rodean. Te sientes aún más solo. Crees ser feliz cuando consigues una cosa tan insignificante como una pegatina en un paquete de papas. No lo eres. Sonríes, pero no lo eres. Que el simple hecho de pensarlo te derrumba por dentro. Te marginas, te metes dentro de esa música que escuchas en todo momento sueñas con ser otra persona, vuelas y te hace creer que te sientes mejor. Crees sentirte identificada con esas canciones. Pero nunca hay dos casos exáctamente iguales. Te encierras en tu habitación, te sientes protegida. "Aquí nada podrá atacarme" decías, pero la soledad es tu enemiga, esas cuatro paredes que te rodean, son tus enemigas y llega un momento en el que la música es tu enemiga. No esperes un superman que venga a salvarte, no pienses ni por un momento que alguien va ayudarte, porque no podrás confiar en ellos ya no podrás confiar en nadie. ¿Que por qué lo sé? Porque una de esas personas... Soy yo.
Porque si me hubiese soltado de aquel saliente hubiese caido al vacío y hubiese desaparecido. "¿Qué fue de ella, amigos?" Y todo sería como si yo nunca hubiese existido.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario